Psíco-arqueología

Psíco-arqueología: Delirio colectivo inducido

Artistas participantes: Ximena Labra
Con curaduría y textos de Cuauhtémoc Medina
29/11/2025 - 31/01/2025

En 2011, cuando se desató la violencia que acompañó la llamada “Guerra al narcotráfico” del gobierno de Felipe Calderón, ofrecía a los mexicanos la experiencia continua de cadáveres en puentes y calles, usados como medios de una escritura monstruosa entre las bandas criminales y las llamadas fuerzas del orden, Ximena Labra decidió usar la invitación a realizar un evento paralelo al Festival Vive Latino de la ciudad de México para crear una escenificación de la incómoda familiaridad que la mitología nacional tiene con la muerte sacrificial, con un ritual de baile que conmemoraba la vida de los miles de desaparecidos. Su título, Mictlán, es el nombre de la tierra de los muertos de la mitología nahua. Durante los tres días que tuvo lugar el concierto de masas, Labra hizo construir un escenario en forma de pirámide, evocando el resurgimiento de la violencia como constante costumbre local. Labra construyó un escenario hecho de alusiones a deidades mexicas sangrientas y cráneos acumulados al modo de los tzompantli precolombinos, para ser activados con el baile de masas disfrazadas de guerreros aztecas. Los asistentes eran invitados a portar disfraces inspirados en las deidades aztecas y lanzarse por un tobogán desde el tope de la pirámide, a fin de ser registrados por un contador digital, que emulaba los “ejecutómetros” que en ese momento publicaban los diarios.

Los llamados Coloquios y doctrina cristiana...de Fray Bernardino se Sahagún y sus colaboradores indígenas, conocidos también como “Diálogos de 1524”, son uno de los documentos más peculiares de la colonización del Nuevo Mundo. Desde que emergieron en el Archivo Secreto del Vaticano en 1924, han provocado una polémica entre los eruditos. ¿Son acaso un testimonio fidedigno de un auténtico debate de teología entre los doce frailes franciscanos que llegaron a México en 1524 y una serie de sabios, sacerdotes o tlamatimine nahuas que sobrevivieron la conquista, como pensó Miguel León Portilla? O, más bien, ¿hay que entenderlos como “tendencioso y didáctico (...) vehículo para propagar la nueva fe entre los indios” redactado por los colegiales trabajando con Sahagún hacia 1564, como arguyó Jorge Klor de Alva? ¡O, en el mejor de los casos, como argumentan autores como Daniéle Delhove y Antonio Rubial, se trata de un ejemplo muy representativo del género de “diálogo didáctico” ajustado a las normas del Renacimiento europeo, que catequiza y mediante una serie de disputas va convenciendo a un discípulo acerca de la doctrina? Lo que no descarta que el documento, bajo cierta visión de época de los franciscanos, contenga elementos resumidos y editados de una experiencia de conversión de varias décadas.

Como otras intervenciones de Labra, Mictlán combinaba una forma popular de “arte participativo” con la creación de una alegoría irónica y crítica que aleatoriamente podía o no ser comprendida por sus participantes. Los documentos fotográficos, de video y reliquias escultóricas de esas intervenciones públicas, son acompañadas en la sala por una provocación a la mitología oaxaqueña: Benito Juárez en un viaje de Chiquitolina, interactuando con un aparato electrodoméstico, título que alude al poder que en la serie televisiva, adquiría el Chapulín colorado cuando se comía una pastilla para hacerse minúsculo.

Fetiches Vivos

Coloquios y doctrinas

Ximena Labra ha tomado el facsímil de este manuscrito incompleto publicado por la UNAM en 1986, como punto de partida para una serie de relieves hechos con frottage o esgrafiado de grafito sobre manta. Esas obras capturan fragmentos del texto, en un palimpsesto que se adiciona con el gesto de manchas y quemaduras. Montados sobre costales de yute, exhiben una materialidad tan mestiza como su contenido.

Como otras obras, Labra establece una producción gráfica y material de una producción escrita, que aparece como una sombra histórica, como las calcas en grafito a tamaño natural de los contenidos de los estantes de la colección bibliográfica de Miguel Angel Gallardo en Guatemala, titulada Biblioteca fantasma (2012). Los relieves de los Coloquios y doctrina ponen en relevancia la mezcla de ficción, propaganda y documentación del documento colonial, como un referente central de la raíz endeble, fragmentaria y cuestionable que habita en el relato moderno del mestizaje. Que escobas reales y dibujadas acompañen esas obras, alude, por supuesto, a otro ritual: la limpieza sagrada cotidiana que antecede las actividades del día, lo mismo que las ceremonias.

Uno de los aspectos más enredados de esa cosa que llamamos “cultura mexicana”, es el modo en que durante los siglos XX y XXI, oficialismo y contracultura frecuentemente utilizan el mismo penacho.
El aztequismo, con todos los rasgos mitológicos y centralistas que identificarse con el imperio Mexica involucra, es una fantasmagoría tan solidificada en el equipaje cultural de los ciudadanos mexicanos que resulta casi imposible deconstruirlo. Es ciertamente una figura que fantasea con la descolonización, al mismo tiempo que sirve como instrumento ideológico de un determinado dominio mestizo-blanco. Su rasgo predominante es la solemnidad y el machismo. Si bien se expresa como una melancolía jolgoriosa que añora un imperialismo sustituto. Se trata de una máscara que se ha pegado tanto a nuestro rostro que quitársela se lleva también lo poco que nos queda de piel.

Desde hace prácticamente un decenio y medio Ximena Labra ha incluido en su obra de excitación crítica la tarea de excitar, desviar y escenificar la fantasía del retorno de los dioses que los mexicanos modernos están siempre dispuestos a encarnar. A partir de la intervención de aluci-nación de masas que llevó acabo en el festival “Vive latino” de 2011, Mictlán, donde invitó al público a revivir sus pesadillas de sacrificio precolombino como un deporte de identidad extremo, realiza una serie de obras donde Labra interroga los símbolos rotos de la llamada “mexicanidad”. El rasgo característico de esas obras es la ambivalencia con que invita al espectador y participante a estar al mismo tiempo dentro y fuera de esta mitología oficializada, haciendo estallar sus representaciones por la vía del exceso, el humor y la carnavalización.
Esta muestra compila las obras donde Labra ha practicado una antropofagia del imaginario arqueológico, incluyendo sus recientes palimpsestos grabados a partir del polémico libro de Coloquios y doctrina de fray Bernardino de Sahagún (1566) que supuestamente transcribe un diálogo entre los frailes, franciscanos, y los sabios mexicanos, discutiendo sus propias teologías al momento de la conquista.
En conjunto las obras de Psicoarqueología juegan y monstrifican la demagogia de identidades en un tiempo monstruoso donde en vez del “retorno de Quetzalcoatl” nos topamos en el siglo XXI, con un Zompantli privatizado por todo el país. Horror que con ironía característica Labra consigna en un slogan terrible: “El sacrificio humano está siempre de moda”.

El espectador, seguramente deberá ocuparse de su propia ambivalencia entre ceder a la euforia de un nacionalismo no reformado, y al mismo tiempo, comprender la parodia como una crítica. Una oscilación emocional e intelectual que es aún más iluminadora en un momento como el presente donde se debate y disputa nuevamente el significado del legado interrumpido, escamoteado o falsificado de las culturas originarias.